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CASA SOBRE UN ZOCALO DE LADRILLO

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El terreno se encuentra a unos 20km de Barcelona. En un barrio residencial de St. Vicenç dels Horts. Delimita a Este, Oeste y Sur, con un conjunto de parcelas edificadas. Se abre a Norte, a la calle Valls. Presenta dos niveles diferenciados. En el superior, una antigua caseta para herramientas, perece desvelando el origen agrícola del emplazamiento. En el inferior, una pequeña edificación en ruina, invita a construir una nueva vivienda, recordando viejas maneras de construir del lugar.

Se propone un zócalo de ladrillo apilastrado, para contener las tierras arcillosas de la sección preexistente. Una cinta continua, que expande la nueva arquitectura hacia los límites de la parcela. Que aprovecha un vacío en la planta inferior, para ampliar la superficie propuesta. Que da soporte a la planta superior, ayudándose de un nuevo muro de ladrillo en forma de T, que actúa de puntal.

Sobre el zócalo de ladrillo se posa una caja prefabricada de CLT. Se reviste el exterior, con placas de corcho encaladas en blanco. Se deja visto el interior, a excepción de dos elementos. Un suelo técnico machihembrado, que sirve para conducir las instalaciones. Y unos volúmenes blanqueados de contrachapado, que deslizan entre el interior y exterior de la vivienda, conteniendo su programa doméstico.

La planta primera, más relacionada con el cielo, y con el periodo invernal, propone dos dormitorios conectados entre sí, mediante un tabique-estantería, un baño abierto tan solo a las vistas de una generosa luz cenital de color azul y, un versátil salón-cocina, que se extiende hacia el espacio comedor. La planta inferior, más relacionada con la tierra y con el calor del verano, alrededor del muro de ladrillo en forma de T, entierra una tercera habitación, una segunda sala de estar, un pequeño baño y una extensa sala de servicios e instalaciones.

Fuera de los límites de la parcela, la vida interior, se muestra con cierto grado de hermeticidad. Tan sólo un muro de ladrillo calado, y una puerta para vehículos y personas, de doble abertura, dejan entrever lo que sucede en el interior. Superado el plano vertical, un plano horizontal, anuncia dos posibilidades: enlazar con una rampa, que permite acceder a la cota inferior del terreno, o conectar con unas escaleras escondidas tras el muro calado, que anuncian la posibilidad de un ascenso ceremonioso hacia el interior construido. Seguir las escaleras, permite descubrir un viejo pozo conservado para el riego y una olivera centenaria. Ambos elementos sitúan al visitante delante de la puerta principal. Cruzando esta, un gran lucernario, nos advierte, de la fuerte presencia exterior, que en realidad existe en el interior del proyecto; incluso en los lugares más íntimos. La luz, sirve de guía hacia unas grandes balconeras. Abriéndolas, un balcón francés convierte la casa en porche. Con las vistas en frente del paisaje, unas persianas enrollables, se ofrecen como sistema pasivo de protección climática. La luz también alcanza, la parte más arcillosa de la casa. Aprovecha el hueco de la escalera de caracol, encargado de conectar los niveles edificados. Es cuando el muro de ladrillo del zócalo, se reconoce desde distintas estancias. Cuando la cerámica, convertida en filtro, es capaz de introducir el color blanco de las casas próximas. Cuando las cerámicas trituradas de la cubierta, reconocen las tejas vecinas, también disfrutando de los campos del viejo St. Vicenç.