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CASA CONCORDIA

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CASA ABIERTA A UN CONJUNTO DE ESPACIOS CERRADOS

Nos encontramos en la tercera planta de un edificio construido en 1935 en el barrio de Poble Sec; un lugar de origen humilde envuelto de un ambiente portuario, situado en un encaje privilegiado de la ciudad considerado el primer ensanche de Barcelona.

Aquí, un modesto piso de tan sólo 45m2, aunque parecía haber renunciado parcialmente a las cuidadas y generalizadas ornamentaciones propias de los imponentes espacios que en el siglo XX mostraban las casas del “Eixample”, no parecía por lo contrario, haber abandonado la pretensión de riqueza obtenida de la forma de habitar de una época, en la que la compartimentación, dotando de identidad propia a los distintos espacios de una casa, tanto podía ensombrecer a los pisos de superficies reducidas, como hacer brillar a los pisos de solemnes medidas.

Introducir en este piso compartimentado, de escasa dimensión y  ciertamente ensombrecido, un programa que fuera acorde a las necesidades de nuestro actual habitar, pronto planteó reflexionar sobre la validez de todo ese conjunto de prácticas contemporáneas, que optan por una única estancia abierta como exclusiva solución posible a los problemas de un hogar reducido, haciendo con ello desaparecer útiles espacios domésticos como son por ejemplo el recibidor, el pasillo o el distribuidor de una casa.

Con la voluntad de relacionar espacios distintos pero sin el interés de que sus usos fueran totalmente mezclados, pero también con la pretensión de dotar de significado un conjunto de estancias distintas, sin que para ello fuera necesario aislar las mismas, como en las grandes viviendas de los vecinos condales, pronto apareció la idea de una casa abierta a un conjunto de espacios cerrados.

Para ello fue necesario derribar todos los tabiques de la casa a excepción de uno, que sin llegar al techo, se reconstruyó a unos centímetros del existente utilizando bloque de hormigón.  Luego, a lado y lado de esta nueva divisoria, poniendo un límite entre los espacios más públicos y los más privados, se desplegaron unos artefactos de madera -también sin llegar al techo-, dirigidos tanto a contener todos los diferentes programas de la casa como a recuperar todos aquellos intersticios domésticos capaces de relacionar y avivar significados distintos.

Lo cierto es que finalmente también se aprovechó la intervención para incorporar una galería al interior del espacio, consiguiendo así que cada espacio tuviera su propio espacio exterior. Ciertamente algo imprescindible en nuestra vida contemporánea.

 

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